Cultivar el sexo con arte.

Publicado en el periódico EL DIA, columna EL FRÁGIL RINCÓN DE LOS SENTIMIENTOS, fecha 11 de agosto de 1996.

Entender la sexualidad como un arte para que la imaginación se desarrolle es sinónimo de ruptura de la monotonía.

Photo by Dainis Graveris on Unsplash

Hay un libro titulado “El Tao del amor y del sexo” donde se explica una serie de técnicas sexuales que permiten una prolongación del acto y que orientan hacia la importancia de vivir la sexualidad desde una perspectiva más sublime y sensual, desaconsejado la dinámica más habitual cuyo objetivo final es el simple hecho de conseguir nada más que uno o varios orgasmos; estas técnicas nos invitan a introducirnos en un mundo que ni es fantástico ni es mágico, sino que es real, donde no solo podemos prolongar el acto sexual hasta lo incalculable de nuestra imaginación (sin perder la atención y el interés hacia el propio acto) sino que además nos permite disfrutar de una relación sexual plena sin que la pareja masculina haya tenido un orgasmo físico, o sea, nos habla de la innecesidad de la eyaculación. Nos informa, también, de la pérdida de vitalidad y energía que sufrimos los hombres cuando eyaculamos, además de hablarnos de una pérdida importante de nuestro período vital, afirmando de superfluas emisiones hacen que nos hagamos seres menos longevos. Desde luego, no voy a explicarles dichas técnicas, no solo porque son muchas, sino porque no me parece apropiado pisar el terreno de alguien que ha dedicado una buena parte de su vida a estudiarlas y, luego, a exponerlas, que es más difícil. ¿Qué si son reales, qué si son eficaces, qué si vale la pena practicarlas? Creo que eso depende del nivel imaginativo de cada persona y del interés que cada uno y que cada una le preste a sus relaciones más íntimas. Para algunas personas les ha sido más eficaz que a otras, eso seguro. De la misma forma que la píldora a unas mujeres les viene fatal y deben renunciar a su utilización, debiendo encontrar alternativas que la sustituyan, lo que quiere decir que de la sexualidad no se debe hablar en términos globales, sino detenerse en las particularidades, primero de cada persona y, luego, de la pareja. Ocurre en todo lo que se relacione con los seres humanos, ¿no creen?
Esa es la fórmula de hacer sexo, pero también existen técnicas o conductas sexuales europeas, hindúes, africanas, latinas, etc. porque todos tienen que decir (o por lo menos que pensar) sobre este tema tan tabú. Cuando hablamos de sexo, todo el mundo calla, pero siguen pensando (y hablando por dentro) y muchos continúan teniendo la perenne duda, el gran enigma sexual que atormenta al ser humano: ¿es pecado o no? Es una lucha moral constante ya que unos crean los dogmas para que el sexo sirva solo para la continuidad de la especie humana y otros preguntan qué pasa con los sentimientos humanos y si esos sentimientos no tienen mucho que ver con un apartado más de la humanidad del hombre, que es su sexualidad.
Cuando un hombre y una mujer practican una sexualidad en la que llegan a sentirse mutuamente cerca y ello les lleva a sensaciones hermosas, profundas y con ingredientes constantes de amor, ¿no es eso estar cerca de Dios? Dios es amor y dejó al hombre y a la mujer en la tierra no para que hicieran del sexo un sentimiento chabacano que sirve únicamente para hacer hijos, entre otras cosas, porque los hijos del mundo, o sea, los hijos de Dios, deben estar concebidos con mucho amor, también espiritual, porque eso se acerca bastante a la parte más divina del ser humano.
De momento, me resisto a aceptar que el sexo es un arma puesta en el mundo para que el hombre combata contra él; me resisto a pensar que si es sexo es una parte importante de la pareja (¿cuántas parejas no funcionan o se separan porque no sintonizan en la cama?), debemos complacernos únicamente con un “úsame cuando quieras ampliar el mundo”.
En cambio, la represión en el sexo ha traído muchas patologías educativas y de conducta en individuos que han estado sometidos, toda su vida, a ese tipo de barreras; así, nace la perversión sexual, cuyo resultado son las violaciones y maltratos que muy frecuentemente escuchamos y leemos a través de los medios informativos. Y no son pocos los individuos e individuas cuya malformación o falta de formación e información sexual les ha llevado a esos límites de conducta humana. ¿Qué habría que resolver antes, el que dos personas se acuesten juntos porque se aman y hagan del sexo lo más hermoso del mundo, o facilitar (sin represiones moralistas) una información sexual adecuada que permita la libre elección sexual de cada persona y de cada pareja que lo practique? A lo mejor, hubiéramos conseguido, con esa aportación social en el mundo de la sexualidad humana, que, por ejemplo, los homosexuales, los heterosexuales, los bisexuales, etc., practicaran el amor sexual sin los problemas de falta de información que ha llevado a marcados problemas sociales que se han convertido en enfermedades, también sociales. El Sida es ahora un problema de todos.
Reprimir una plena relación sexual que contenga ápices de amor es como permitir el “aquí te pillo, aquí te mato”, y mi conocimiento de la moralidad me dice que eso es menos convincente que el dar y recibir amor con los límites que cada persona se ponga y que el aprendizaje vaya desatando.

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