Publicado en el periódico EL DIA, columna EL FRÁGIL RINCÓN DE LOS SENTIMIENTOS, fecha 7 de febrero de 1995.
Si no tuviera vergüenza ajena, desnudaría los rincones más recónditos de tu mente.
Los tiempos cambian y, con ellos, sus gentes. No tenemos ningún reparo en imaginarnos cómo sería la vida en edades anteriores a la nuestra, ya que los expertos se encargan en darnos lo que, a su juicio, es una cierta aproximación de cómo vivían. Lo prácticamente improbable es que a ellos ni siquiera se les pasara por la cabeza cómo seríamos nosotros y cómo viviríamos.
Comienzo con el hombre moderno, el de nuestra era, nuestro siglo y nuestra década, ya en peligro de extinción. ¿Ustedes se imaginan a un troglodita haciéndose un fuego con un teléfono móvil en una mano y en la otra el mando del garaje? Y si no piensen en todo lo que un hombre es capaz de llevar consigo en su vida cotidiana: por dentro, además de lo normal, la faja para el lumbago, la rodillera y muslera en el pie derecho y la tobillera en el izquierdo; una muñequera para evitar el dolor prolongado, producido en el último partido de tenis, y varios botes de oloroso anti-inflamatorio para paliar las contracciones musculares. Por fuera, una vez abrochado el cinturón y anudada la corbata, los siguientes artilugios; a la altura del frontal de la cadera derecha el busca, para no perderse; un moesquetón-llavero con no sé cuantas llaves que van escondidas «discretamente» en el bolsillo trasero derecho del pantalón. En el bolsillo izquierdo de la camisa, una pluma (que casi nunca usa), el último bolígrafo de diseño que le regaló un familiar y el «boli» barato de toda la vida, que es con el que escribe siempre. En el dedo corazón de la mano izquierda el anillo tipo sello con zafiro que le regaló la suegra y que, como no se lo ponga, hay «mosqueo»… El de casado en la mano derecha, que sólo se lo quita cuando va de copas con los amigos. La chaqueta es todo un estanco: en el bolsillo interior izquierdo el móvil; es muy importante llevarlo por si falla el busca. Siguiendo en la chaqueta, en el bolsillo lateral izquierdo lleva el mando a distancia del garaje, el localizador de llamadas del contestador y el mando de alarma con la llave del coche. El derecho va ocupado con las llaves de la casa y otro puñado con las de la oficina. Perdón, me había olvidado que hoy toca darle de comer a los «bichos» y de regar los matos de la casa de la pradera; añadir otro montón de llaves. El mechero, el tabaco, el corta-uñas y otros utensilios de emergencia los pondrá a discreción de ambos bolsillos de la chaqueta. Antes de salir por la puerta buscará la llave para cerrar (a saber dónde está ahora) y cogerá en la mano izquierda la agenda manual, la electrónica y demás papeles que pudieran interesar, que son un tocho alucinante y, en la derecha, lleva lo último en comunicaciones a corta distancia: un walkie-talkie para controlar las operaciones comerciales de la competencia. Una vez en la calle, la guapa que cometa el error de querer «tener algo con él» no sabe el trabajón que le espera.
Es el turno de las señoras. Esos kilitos de más (porque el régimen se empieza el lunes) lo atenúa con una faja como las que salen en la tele y que proporciona una imagen impecable «escondiendo los kilos que sobran». Encima de tal prenda, el último body adquirido o la «tentadera» al estilo de Kim Basinguer. Las hombreras que acentúan las formas redondeadas de los hombros tipo jugador de «beisbol». Medias de color carne que le hace parecer que no lleva nada, hasta que adviertes que las lleva porque la «carrera de Patagonia» así lo delata, aunque el trocito de minifalda tapará la meta de dicho rally. El «wander-bra» hará que hasta la más despechugada muestre el canalillo que tanto quiso tener. Unas manos de hidratantes, crema-base, maquillajes «muy suaves» a la última moda (la raya de ojos, rímel y sombras incluidas); una blusa tipo gasa trasparente de acentuado escote y un buen laqueado de cabellos que acentuará el rojo violín recién dado. El bolso de cocodrilo, regalo de reyes, va repleto de incontables y sorprendentes artilugios que rara vez utilizarán… a lo mejor para un apuro; en él, la última edición de bolsillo de «Sé tu misma», por si acaso, todo «pa’» dentro. Con sumo cuidado, para no estropearse las uñas, busca las llaves del coche y de la casa, lista para la vida moderna. Las más agresivas (ejecutivas y similares) además llevarán su móvil, mandos a distancia, sus agendas electrónicas y hasta el maletín con el ordenador portátil. Ahora, y como decía mi abuela (q.e.p.d.), pobrecito quien se la lleve.
Todo esto, unos los denominan como incomodidades, otros apariencias, otros pérdidas de tiempo, otros ganas de complicarse la vida, otros un follón, etc., incluso los propios usuarios de todas esas técnicas de vida moderna. Cada uno que lo llame y que piense como quiera. Por supuesto, desde mi punto de vista es respetable y cada uno es libre de poder hacer lo que le plazca y crea conveniente. Eso sí, si ello no perjudica seriamente mi salud. De todas formas, lo plasmado aquí es fruto de mi imaginación y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… Y es que, a veces, soy un poco exagerado.