Publicado en el periódico EL DIA, fecha 15 de enero de 1995 .
A Lupe en un leve hola-adiós
Algo ocurre cuando te imagino
y mucho más cuando te veo,
no quiero ni pensar qué me pasa
cuando te oigo
o cuando te toco.
Cuánto tiempo pasó desde la última vez,
creo que fue hace mucho tiempo,
sabes que los números no se me dan bien
pero aún así,
cuando llega el momento,
el que nos prometemos coincidir
en escasas ocasiones,
esos momentos hace que se detenga
cualquier máquina de vapor humana,
la mía,
porque son momentos en los que pienso
qué habrá más allá de todo eso,
qué habrá más allá
de nuestras charlas políticas,
o humanas,
o sociales,
o personales,
o simplemente charlas banales.
Ciertamente te conozco más por tus ojos
que por tus labios,
o por tus cuerdas vocales,
o por tu boca,
y mira que te he visto poco
o no tanto como quisiera.
Esta vez tuve la sensación
de que el tiempo nos traicionó,
de nuevo,
que fue poco el tiempo del que dispusimos
para nuestro reencuentro,
lo que nos deja,
nuevamente,
un mal sabor de boca,
o de cuerdas vocales,
o de labios.
Mientras tu mirada
me confirmaba nuevamente
tu pena,
la de la imposibilidad temporal,
tus ojos
con casi lágrimas
disfrazadas de alegría,
atrapara mi interior con tantas preguntas
que nos faltaría el tiempo
para resolverlas,
justo el que tuvimos
o el que tenemos
o el que tendremos
que descubrir,
el que intensificar,
el que resolver,
el que vivir.
Mientras,
nos tendremos que conformar
con seguir mirándonos,
eso sí intensamente,
continuar comunicándonos en las distancias
y en las cercanías,
como los trenes.
Tendremos que seguir conformándonos
con leves roces de labios
en las despedidas,
no sé si son leves
porque hay intención de otras nuevas,
o porque nuestros sentimientos
se dejan ver levemente.
Así y todo,
espero nuevas levedades,
porque ésta me fue poca.
Espero nuevos encuentros
porque cada vez son más intensos,
espero seguir sintiendo
nuevos sabores de tus labios
sin restarle la hermosura,
la grandeza,
la ternura,
la intensidad,
la frescura
del leve tacto que ya conozco
e identifico contigo.
Y aún así en la distancia,
que para mí es lo más triste,
verifico que hiciste parar seriamente
el calor de mi máquina
de amor,
porque una mirada tuya o muchas
sirvió de leña
para un motor que creía agotado.
Dime amiga
qué razón tienen tus miradas
y tus leves besos
cuando ello es profundamente hermoso
grande,
tierno,
intenso,
fresco,
tuyo.